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revista turística de salamanca / DIPUTACIÓN DE SALAMANCA  n.10

 
 
El curso alto del río Cuerpo de Hombre en el valle de Hoya CuevasEl curso alto del río Cuerpo de Hombre en el valle de Hoya Cuevas
Puente medieval de San Albín en BéjarPuente medieval de San Albín en Béjar
El Cuerpo de Hombre desemboca en el Alagón, en SotoserranoEl Cuerpo de Hombre desemboca en el Alagón, en Sotoserrano
Represa para captar aguas con destino a las fábricas de tejidos bejaranasRepresa para captar aguas con destino a las fábricas de tejidos bejaranas
Castillo del conjunto histórico de Montemayor del RíoCastillo del conjunto histórico de Montemayor del Río
Pocas veces el nacimiento de un río es un punto de referencia paisajístico tan marcado como sucede con el Cuerpo de Hombre, asociado siempre a las cumbres nevadas de la Sierra de Béjar, donde, hasta bien avanzado el estío, el hielo se conserva en numerosos neveros resguardados de los cálidos vientos del sur. A 2.280 metros de altitud tiene su nacimiento en Hoya Moros, en las Charcas de Venerofrío, donde se encuentra el único paisaje glacial de la provincia salmantina.

En las épocas remotas del cuaternario, la nieve y los hielos contribuyeron a formar el relieve de la Sierra a través de las glaciaciones. Los circos o monteras glaciares se acumulaban en las montañas más altas y sus lenguas de hielo se deslizaban formando anchos valles en forma de U. Aquellos desplazamientos de los hielos han quedado registrados en las diferentes crestas de los complejos morrénicos (como la de El Parral, al fondo de Hoya Moros). Los valles, las pedreras, las lagunas... constituyen los restos más patentes de aquellos tiempos en los que los hielos cubrían la mayor parte de la superficie europea.

Su caudal inicial no es muy abundante

pues no ha recibido todavía el aporte de afluentes importantes, pero debido a la acusada pendiente, sobre la dureza del roquedo ha ido modelando lanchares y formando hoyas, que se escalonan entre cascadas y rápidos.

El transcurso del río por el término de Candelario se realiza por parajes de una gran belleza, salpicados de bosques de robles y castaños: la dehesa boyal de Candelario (en la que se suman, a las especies mencionadas, acebos, abedules, servales, majuelos), la Puente Nueva, la hidroeléctrica La Abeja, la antigua fábrica de papel (de la que ya hablaba Madoz a mediados del siglo xix), un antiguo molino (hoy central de Samuel Solórzano). En este primer tramo, es frecuente encontrar majadas que dan cobijo al ganado y tenadas para guardar el heno, esparcidas entre praderas que, a finales del invierno, adquieren el color amarillo de los narcisos. Al llegar al puente viejo del Navazo, único medio de comunicación entre Béjar y Candelario hasta que se construyó el puente nuevo a mediados del siglo xix, conviene desviarse a la villa chacinera.

Candelario, situado en las faldas de la sierra a 1.126 metros de altitud, es uno de los pueblos más singulares de España. El marco geográfico en el que se enclava, su brillante arquitectura popular con las batipuertas, sus costumbres y su indumentaria tradicional imponen una parada obligatoria para toda persona con inquietudes culturales. Uno de los aspectos más característicos de esta villa son las acequias o regaderas que recorren las calles del pueblo, con el agua procedente de las montañas inmediatas. El murmullo cristalino acompaña la transparencia de la corriente y reclama la atención del paseante, que desvía su mirada de unas casonas caracterizadas por su elegancia y vistosidad, son las casas-fábricas. Retomamos el curso del río en el paraje del Navazo, donde recibe un importante caudal de aguas de otros afluentes que bajan de la Sierra. Nos encontramos entonces con las primeras fábricas textiles que han definido a Béjar como ciudad industrial. En el xix, la actividad de los viejos obradores se trasladó a las orillas del río, en busca de la fuerza motriz que moviera los telares. Pero, cuando llegaba el estío y el Cuerpo de Hombre perdía gran parte de su caudal, en las fábricas fue necesario recurrir a la energía del carbón; así a la corriente de agua le nacieron gigantes de ladrillo, chimeneas hoy sin uso en las que las cigŁeñas han instalado sus nidos.

Pasado el Puente Nuevo de la Corredera, el río se bifurca para formar la isla de La Aliseda. Posteriormente, vuelve a encajonarse en un lugar que fue elegido para levantar el Puente Viejo, punto en el que confluían todos los caminos que desde Béjar se dirigían hacia el norte. El tablero moderno no permite ver el arco gótico que salva el espacio entre las dos orillas.

Tras la pesquera Batuecas (el salto de la fábrica “Rafael Díaz”), se puede seguir fácilmente el curso del río y ver las viejas naves textiles a través de una senda habilitada por el ayuntamiento de Béjar. Pero el interés de la ruta no se debe sólo la arqueología industrial; otros lugares merecen también una parada. Es el caso de las estructuras creadas por los ingenieros para el ferrocarril a finales del siglo XIX: el puente, un túnel de 372 metros que atraviesa la roca granítica en la que se asienta la ciudad (terminado en 1891) y otro de menores dimensiones (178 metros), situado en la otra orilla del río Cuerpo de Hombre. A continuación, se encuentra el histórico Puente de San Albín, con su espectacular arco gótico, que tiene unas dimensiones de diecisiete metros de luz y una altura similar sobre el tablero.

Antes de abandonar el término de Béjar, el Cuerpo de Hombre discurre paralelo a la Calzada de la Plata. En las proximidades de Puerto de Béjar se pueden contemplar algunos sorprendentes tramos de la vía romana con paneles de interpretación. El puente de la Malena permite que los peregrinos salven la corriente. En el siglo xiii se le denominaba “la puente del Canto”. Poco o nada queda en él de sus orígenes romanos. Lo más antiguo es un arco gótico; los dos restantes son semicirculares y fueron volteados en el siglo xviii, cuando el conde de Floridablanca mandó restaurar la calzada.

La corriente se desliza en busca de Montemayor del Río

Muchos son los atractivos de esta villa, cabeza durante la Edad Media de un señorío y posteriormente marquesado. El castillo de San Vicente, recientemente restaurado y musealizado, nos proporciona la estampa más fiel de una fortaleza medieval, con sus torres, su patio de armas, el foso y el muro delantero o barbacana. De la iglesia parroquial, lo más destacable es la hermosa cabecera gótica y el retablo plateresco de 1552.

El paseo por el pueblo nos permite disfrutar de algunas casas blasonadas; de la plaza, con algunas construcciones de interés como la casa consistorial o la fuente formada en torno al rollo jurisdiccional; y de una arquitectura popular caracterizada por los numerosos corredores. Por Montemayor pasaba la cañada Soriana Occidental, que de Castilla se dirigía a Extremadura. El curso del río se salvaba por el puente de Piedra, en cuyo paso, los marqueses cobraban el impuesto del pontazgo a todos los ganados y pasajeros que por él transitaban. A mediados del siglo xix se decía que lo cruzaban 300.000 cabezas. Junto a él se alza la casa del peaje o del pontazgo, construida en 1759, la ermita de San Antonio y un hermoso crucero renacentista decorado con pomas.

Al salir de Montemayor, el río penetra en los términos de Valdelageve y Colmenar. El paisaje oceánico de bosques de castaños es reemplazado por el monte mediterráneo de encinas. Mientras, la corriente ha ido remansando su ímpetu, hasta convertirse en un río dócil. Y así termina su vida, en Sotoserrano, cuando entrega sus aguas a las del Alagón.

Cuerpo de Hombre

El río que llegó del frío

POR JOSÉ DÍAZ ELCUAZ.
FOTOGRAFÍA: FRANCISCO MARTÍN

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