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revista turística de salamanca / DIPUTACIÓN DE SALAMANCA  n.10

 
   
Vista aérea del casco histórico de Ciudad Rodrigo, donde se perfila el sistema defensivo abaluartadoVista aérea del casco histórico de Ciudad Rodrigo, donde se perfila el sistema defensivo abaluartado
Desfile durante la Feria de Teatro con la Catedral al fondoDesfile durante la Feria de Teatro con la Catedral al fondo
Patio del Palacio de los ÁguilaPatio del Palacio de los Águila
Castillo de Enrique II de Trastamara, hoy parador nacionalCastillo de Enrique II de Trastamara, hoy parador nacional
Nos encontramos sobre la antigua batería de la ciudad. Frente a nosotros la amplia y fértil vega del río Águeda se desarrolla en toda su extensión. Hileras y bosquetes de álamos y alisos adornan la ribera atravesada por el puente antiguo, en su origen probablemente romano y hoy conformando una de las más reconocidas vistas de la ciudad.

A la izquierda, hacia el sur, en el horizonte, la atractiva cumbre piramidal del Pico Jálama se recorta sobre un cielo azul, recordándonos que tras él se extienden extensas tierras cacereñas. Si detenemos nuestra mirada en esa dirección, descubriremos los restos premostratenses del antiguo monasterio de la Caridad.

Nos situamos sobre un elevado escarpe rocoso que emerge de la propia orilla del río, dominando un vado natural. Estratégica ubicación que ya contemplamos en otras ciudades castellano-leonesas como Salamanca, Zamora o Toro. Muy cerca de aquí surgió el primitivo castro que fue germen de esta ciudad. Si volvemos la espalda podremos ver, en la plaza contigua, el verraco vetón que la embellece, recuerdo de antiguos pobladores. Como también los perpetúan las esbeltas tres columnas que albergan una lápida, también romana, que define el término augustal que contemplamos, ya, al adentrarnos a la ciudad. Sí, amigo viajero, nos encontramos en Ciudad Rodrigo, la singular y bella “Estrella de la Frontera”. La vigía de territorios históricamente afectados por litigios y enfrentamientos. La ciudad que soportó asedios y ataques perceptibles aún hoy en buena parte de sus monumentos. El baluarte de la frontera salmantina con el, no siempre, afable vecino Portugal. Una de las joyas más preciadas de la provincia que compite con la propia capital en el número, la calidad y belleza de sus edificaciones. Declarada Conjunto Histórico en 1944 se sitúa a 87 Km. de Salamanca, consolidándose actualmente como un centro emergente junto al eje viario internacional que la circunvala.

Rodrigo González Girón

fue quien, en 1100, la repobló y le dio nombre, aunque no sería hasta tiempos de Fernando II cuando se la dotara de defensas, catedral, puente y fuero. A partir de ese momento familias provenientes de otras tierras la habitaron y la hicieron suya, afianzándose con conocidos apellidos y linajes que quedarán ligados definitivamente a su devenir. Los siglos XV y XVI verán construirse palacios, iglesias y casas solariegas, alcanzando su época de mayor esplendor.

Al ser la ciudad tan prolija en atractivos, el viajero tendrá numerosas opciones para su contemplación. Desde estas líneas le sugeriremos algunas, aunque le invitamos a que sin guías ni consideraciones predeterminadas se decida a perderse por sus calles, a la búsqueda de algún palacio, casona, capilla, iglesia, cuerpo de guardia, poterna, rincón o plaza… con la que sorprenderse y reconocer que se encuentra en una de las ciudades españolas más bellas que pueda conocer. Para aquellos que prefieren menos riesgo le sugerimos algunos paseos con los que conocer Miróbriga.

Iniciamos el paseo

en el enclave denominado de la Batería, junto al castillo de Enrique II de Trastamara. Su magnífica torre del homenaje destaca en la edificación que acoge, en la actualidad, un parador de Turismo. Le animamos a que, si dispone de tiempo, recorra el paseo de ronda de la muralla desde este lugar hacia el sur. La podrá circundar completamente y volver al punto de partida. Así tendrá la oportunidad de disfrutar de la contemplación de todos los elementos del complejo sistema defensivo abaluartado que protege el primitivo núcleo urbano. Irá descubriendo cuerpos de guardia (que albergan un centro de interpretación de las fortificaciones), revellines, falsabragas, escarpas, fosos y bellas puertas como las de Santiago, El Sol, del Conde, San Vicente, La Colada, etc. Pasará cerca de la catedral y podrá detenerse en el paraje denominado “La Brecha”, próximo a ella, por donde en sucesivas ocasiones los sitiadores rompieron el cerco y las defensas de la ciudad, tomándola al asalto. Mire hacia la fachada del templo y distinguirá, sin ningún esfuerzo, los abundantes impactos que los proyectiles dejaron en sus sillares, prueba del importante papel que la ciudad jugó en la guerra de la Independencia.

Continúe y retorne al castillo

Habrá recorrido la ronda y puede ser un buen momento para abandonarla y dirigirnos al centro neurálgico de la ciudad, a su Plaza Mayor. El ágora está presidida por un edificio de dos alturas, porticado, del siglo xvi, que alberga el ayuntamiento. En ella se conserva, además de la antigua audiencia y cárcel, un excelente ejemplo de casa señorial: la Casa del Primer Marqués de Cerralbo, de mediados del siglo xvi, destacando su friso plateresco que ciñe parte del edificio con escudos de armas de la familia, medallones y grutescos y dos ventanas en esquina, características de la arquitectura civil de Ciudad Rodrigo, hoy cegadas. Durante el afamado Carnaval del Toro, declarado de Interés Turístico Nacional, la plaza se transforma en marco de desfiles de disfraces y comparsas y singular coso taurino de madera, de aire plenamente medieval.

Si quiere contemplar otros ejemplos de casas solariegas podrá hacerlo en el Palacio de los Ávila y Tiedra (o de los Castros), la Casa de los Miranda, la Casa de la Cadena (con esa denominación por la gruesa cadena de piedra que rodea todo el inmueble), la Casa de los Vázquez, la Casa de los Núñez de Chaves, el Palacio de los Orive, el Palacio del Conde de Alba de Yeltes, el Palacio de los Cornejo (o de Moztezuma), la Casa de los Gómez de Silva, el Palacio Episcopal o el neogótico de la Marquesa de Cartago. De indispensable visita es el Palacio de los Águila o del Príncipe (siglos XVI y XVII), quizá el más bello y de mayor tamaño de la ciudad.

Y si lo que prefiere es la arquitectura religiosa, comience visitando la Catedral de Santa María, junto con el sistema defensivo, uno los elementos emblemáticos más representativos de Ciudad Rodrigo. Fue mandada construir por el rey Fernando II de León a finales del siglo XII. En ella conviven los estilos románico y gótico, con elementos del siglo XVIII. Consta de tres puertas: de las Cadenas, del Enlosado o de Amayuelas y el pórtico del Perdón. Ésta última es la puerta principal del templo, construida en el siglo xiii, y representa la coronación de la Virgen, con profusa decoración y compleja iconografía.

El interior del templo

se articula en tres naves que culminan en ábsides. La central, con bóveda de crucería estrellada, del siglo xvi, obra de Gil de Hontañón, y las laterales de factura románica La nave del evangelio presenta un altar de alabastro que representa el descendimiento de Cristo, de gran belleza, obra de Lucas Mitata.

En el tercer tramo de la nave central podemos admirar el magnífico coro que adorna el templo, obra de Rodrigo Alemán, de los siglos XV y XVI. En su sillería las tallas alcanzan una gran maestría en respaldos, paños, frisos, misericordias y paciencias. El claustro, junto a la nave del evangelio, de planta cuadrangular, es obra románica y gótica, destacando sus capiteles historiados, con iconografía y simbología propias de la época. Del claustro parte el acceso al museo catedralicio, con interesantes obras de arte sacro. Visite también la cercana capilla de Cerralbo, del siglo XVI y estilo herreriano, la iglesia de San Agustín, los restos de la sinagoga de la ciudad visibles en el acceso a la capilla del Hospital de la Pasión, el convento de las Franciscanas Descalzas (antigua cárcel, con bella portada barroca, del siglo XVIII, atribuida a Manuel de Lara y Churriguera) y la iglesia románica de San Pedro-San Isidoro, del siglo XII y estilo románico.

Entre estos sorprendentes escenarios, bulle la vida en torno a fiestas como el referido Carnaval del Toro, la Semana Santa con Pasión viviente, concursos de acoso y derribo o la Feria de Teatro de Castilla y León, por señalar algunas citas obligadas. Sin duda sus gentes, son la verdadera riqueza y singularidad de estos parajes.

Ciudad Rodrigo

Estrella de la frontera

POR LUIS MIGUEL MATA
FOTOGRAFÍA: JOSÉ VICENTE

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