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revista turística de salamanca / DIPUTACIÓN DE SALAMANCA  n.10

 
 
El sobrao o doble es un lugar habitual de almacenaje para el grano, aperos agrícolas y alimentos que han de perdurar en el tiempoEl sobrao o doble es un lugar habitual de almacenaje para el grano, aperos agrícolas y alimentos que han de perdurar en el tiempo
Vista de la gran chimenea en forma de campanaVista de la gran chimenea en forma de campana
Puerta carreteraPuerta carretera
Encendido de paja de la gloria, original sistema subterráneo de calefacción de la viviendaEncendido de paja de la gloria, original sistema subterráneo de calefacción de la vivienda
El portal, auténtico distribuidor de la vivienda, se utiliza a veces como secadero de la matanzaEl portal, auténtico distribuidor de la vivienda, se utiliza a veces como secadero de la matanza
Tierras de horizontes diáfanos, sin elementos orográficos que interfieran la vista que se extiende hasta el infinito, confundiéndose con el cielo, allá en la lejanía. Así son los paisajes que se extienden al norte de la capital salmantina. Paisajes de campos de labrantío, donde los antaño abundantes árboles que dieron origen a su topónimo hace centurias que desaparecieron de la mano del hombre cuando éste descubrió que bajo sus pies se ocultaba una tierra fértil, pródiga en frutos.

Espacios de la comarca de La Armuña, quizá la más rica, en cuanto al aprovechamiento del medio se refiere, de toda la provincia. Se trata de un amplio territorio que hacia el norte limita con la vecina Zamora y hacia el este se integra con idénticos paisajes en Tierras de Peñaranda, Las Guareñas, Las Villas, parte de la Tierra de Alba y hasta la comarca abulense de La Moraña.

Las tierras del norte y del noreste

de la capital salmantina presentan un modelo de vivienda de similares características, con leves diferencias como las referidas a sus materiales constructivos externos, siendo en La Armuña de adobe, tapial y piedra arenisca, mientras que hacia el este predomina el uso del ladrillo macizo, allá en donde el mudéjar dejó profunda huella en construcciones de uso público y frecuentemente religioso.

Como ya mencionamos contemplamos una de las economías agrarias de mayor importancia de toda Salamanca. El cereal, cultivo principal de las extensas posesiones, requería la utilización de una amplia cabaña ganadera doméstica de apoyo a las numerosas tareas del campo. Tierras a menudo profundas, “de mucha miga”, exigían la tenencia familiar de varias yuntas de bueyes y parejas de mulas. Una nutrida presencia de animales domésticos aportaba complementos alimenticios de vital trascendencia a la economía doméstica de todo el año y frecuentemente un pequeño viñedo de uso personal proporcionaba el preciado mosto.

Por otro lado, la necesidad de contar con algunos criados que ayudaran permanente o temporalmente en las labores más acuciantes del campo, como la siembra o la recolección, requería instalaciones suficientes y apropiadas para tal atención. Como vemos, complejas economías y complejas necesidades que dan origen a un modelo constructivo, generalmente de gran tamaño, que puede completar toda una manzana del casco urbano, desarrollada en una sola planta, con sobrao superior.

Ya comentamos que los materiales predominantes son los que proporciona el propio subsuelo: arcillas y areniscas, que se transformarán en adobes y tapial de barro, las primeras, y sillares y sillarejo de arenisca, las segundas. El ladrillo, con una clara influencia mudéjar, será el protagonista en las tierras más orientales.

En general, se trata de una edificación compacta, en un solo bloque, que reúne todos los elementos de la casa, y que por su calidad y desarrollo en planta, constituye una de las más importantes de toda Salamanca. Los rigores climáticos se reflejan en este espacio como en casi toda la provincia, provocando que los vanos al exterior sean pequeños y escasos.

El plano se desarrolla en torno a un gran patio trasero o lateral al que se accede por unas grandes puertas carreteras, en algunas ocasiones de enorme altura para propiciar la entrada de los carros provenientes de la parva cargados hasta arriba de paja.

A la vivienda se entra desde la calle por un portalillo que, desarrollado hacia la calle o retranqueado de la fachada, reúne siempre un par de poyos donde pasar al serano las cálidas noches del verano o acoger, a “la abrigada”, algunas tareas domésticas, como la costura de la señora de la casa. Este portalillo da paso a la vivienda por una puerta de doble hoja, con gatera, y lo hace hacia un gran portal, habitación, normalmente muy amplia, que se transforma en verdadero organizador de la vivienda y que acoge siempre una gran cántara de agua, con una tapa y un cazo, para suministrar este líquido vivificador a sus moradores.

A ambos lados del portal

se localizan las salas con dos alcobas, separadas, de la sala tan sólo por unas cortinas. En las alcobas una simple cama ocupa la práctica totalidad del espacio disponible, siendo frecuente que para hacer la cama fuera necesaria la ayuda de alguna vara para extender los lienzos sobre el colchón de lana. La sala, ensolada con baldosas de barro, provista con el sencillo mobiliario de algún arca, unas sillas o un armario, era utilizada en muy pocas ocasiones, quedando reservada para fiestas y celebraciones. En muchas de las viviendas de estas tierras aparece uno de los elementos más interesantes en cuanto al sistema calefactor de la casa de toda la provincia. Nos referimos a la gloria. Este ingenioso sistema utilizaba un conjunto de canales colocados bajo el suelo de las habitaciones por los que circulaba el aire caliente proveniente de la combustión de la paja que se llevaba a cabo en una cámara cercana. Su diseño recuerda claramente a los hipocaustos romanos y constituía un eficiente y económico modo de solventar los rigores del invierno meseteño. El autor de estas páginas ha tenido la oportunidad, aún, de disfrutar de tan confortable sensación térmica en la visita a algunas de las viviendas que ha tenido la ventura de conocer.

Desde el portal parte una sólida escalera que asciende al sobrao o doble que en esta zona cumple la misión de granero o panera, lo que requiere de un esfuerzo adicional en la construcción de los muros inferiores, que se engrosan llamativamente para soportar el enorme peso que la recolección del cereal podía acumular en el techo del espacio habitado. Todo el espacio es diáfano, con la estructura de la gran chimenea atravesándolo. Unas pequeñas ventanas o luceras permiten la aireación del entorno que a veces conviven con un amplio balcón que da justo encima del portalillo de acceso a la casa. Este balcón, en muchas ocasiones, puede parecer que dé acceso a una segunda planta pero nunca la constituye, sirviendo casi siempre para introducir con mayor facilidad desde el propio carro que “recula” hacia la fachada los sacos de trigo directamente al sobrao, sin tener que realizar el sobreesfuerzo de subirlos por la escalera. En algunas ocasiones este balcón se abre al corral, con idénticas funciones.

Al fondo del portal se localiza la cocina, verdadero corazón de la vida diaria. Una gran chimenea en campana, ocupando la mitad de la habitación, permite recoger los humos del hogar bajo, alrededor del cual se sitúan los dos escaños. Éstos serán, sin duda alguna, uno de los elementos más apreciados y deseados de toda la vivienda, colocándose en ellos los usuarios respondiendo a reglas sociales y jerárquicas estrictas.

Las llares ennegrecidas siempre soportaban algún caldero y los pucheros apoyados en las trébedes desde primeras horas de la mañana preparaban pacientemente, sin prisas, el sustento diario de los integrantes de la familia. Una despensa que suele partir de esta dependencia y un vasar o alacena completan la habitación.

En algunas ocasiones la gran chimenea se tornó en lucera o claraboya de iluminación y el hogar se redujo a una pequeña chimenea francesa más reducida que la castellana, que pronto daría paso a la cocina de gas y a posteriores electrodomésticos. La otra parte de la casa, la que no se dedica a la vivienda, suele alcanzar mayor desarrollo que la primera. Se trata del gran corral y las numerosas dependencias que a él se abren.

Un gran patio organiza el espacio

En torno a él surgen múltiples estancias destinadas a las distintas necesidades de la hacienda. Así, aparecen las tenadas donde se cobijan los bueyes, con sus comederos y las cuadras con las mulas y sus pesebres. El pozo suele ocupar una esquina del patio, que en ciertas ocasiones presenta un potro para herrar a las bestias de la casa. Las pocilgas, con suficientes cerdos para sustentar a toda la familia durante todo el año, ocupan un lugar predominante que comparten con el gallinero.

Varias tenadas, alguna de ellas sin paredes, permitirán proteger uno de los bienes más preciados de toda la familia: el carro, sobre el que suele aparecer una leñera. Aún quedan los pajares, la habitación del cernidero y el horno, imprescindible en estos parajes en los que el grano aporta sustento fundamental. Y en algunas ocasiones una puerta que da acceso, mediante escalera, a la bodega subterránea. El patio, por último, acumulaba, en su centro, el estiércol de los animales hasta su traslado al campo y muchas de las tareas domésticas que a las distintas horas del día lo hacían muy frecuentado.

Como ya hemos hecho notar, esta breve descripción puede complicarse o hacerse más sencilla si atendemos a los distintos niveles socioeconómicos de sus moradores.

La casa de La Armuña

en tierras de “pan llevar”

POR LUIS M. MATA
FOTOGRAFÍA: SANTIAGO SANTOS

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