N. 12 N. 12

revista turística de salamanca / DIPUTACIÓN DE SALAMANCA  n.12

 
Piedra y madera, elementos naturales de la casa serranaPiedra y madera, elementos naturales de la casa serrana
Un cántaro roto en el tejado, eficaz sistema de aireación del sobraoUn cántaro roto en el tejado, eficaz sistema de aireación del sobrao
El horno se ubica habitualmente en el sobrao o en la cocinaEl horno se ubica habitualmente en el sobrao o en la cocina
Calle serrana con solanas y tramonerasCalle serrana con solanas y tramoneras
Entrada a la cuadra con el asnoEntrada a la cuadra con el asno
Hostigos de madera para proteger la casa de las inclemencias del tiempoHostigos de madera para proteger la casa de las inclemencias del tiempo
Un cúmulo de tejados se comprimen sobre un suave promontorio, todos muy parecidos, a dos aguas, casi superponiéndose unos sobre otros, con escasas diferencias de alturas. No se perciben antiguas chimeneas sobre la cubrición, tan sólo las propias de calefacciones modernas; únicamente destaca la repetición de superficies de tejas árabes envejecidas por soportar impasibles inclemencias del tiempo a lo largo de varios siglos.

Éste podía ser el resumen de la contemplación lejana de un caserío de los muchos que se desperdigan por el territorio que los salmantinos designamos como Sierra de Francia. Bajo esta denominación se reúnen una serie de municipios del sur de la provincia que se extienden sobre un territorio montañoso, accidentado, organizado en torno al río Alagón y sus afluentes, que en mayor o menor medida libran sus aguas a la submeseta sur. Terrenos rocosos, intrincados, repletos de valles y cerros, constituyen complejos parajes en los que cimentar estas localidades. Por ello los pueblos surgen aprovechando las particularidades orográficas del terreno, allá donde un llano lo permita, un río lo avene o donde un escarpe favorezca su defensa. La escasez de terreno y la necesidad perentoria de aprovechar la exigua tierra fértil, con una economía de subsistencia, hace que el caserío se comprima, se condense, que las casas tengan exigua planta y se proyecten hacia arriba; sus paredes se juntan hasta conseguir que las fachadas casi se toquen y que, en ocasiones, sus tejados invadan el espacio del colindante, formando, en definitiva, una protección generalizada al viandante que puede protegerse de las frecuentes inclemencias bajo aleros y voladizos. Y es que también estamos en tierras de rigores climáticos, como nos atestiguan los frecuentes “hostigos”, las solanas, los aleros… y el esfuerzo, ya mencionado, por agolpar las viviendas, detalles, todos, que contribuyen a la protección climática del hábitat. La casa adopta una configuración homogénea, en bloque, reuniendo todas sus dependencias en un mismo espacio, desarrollándose en altura, aprovechando el escaso terreno sobre el que sus moradores pueden edificar. Si se observa desde el exterior puede presentar ciertas semejanzas con la de la Sierra de Béjar, aunque la de Francia es de menor tamaño y proporción. En su intento por ganar espacio útil los distintos pisos de la casa avanzan hacia la calle, en forma de voladizo, con lo que se va ganando espacio del que disfrutarán sus moradores, en una curiosa imagen que se repite en la mayoría de los pueblos serranos.

Su aspecto exterior

es sólido, construido a base de sillares de granito bien escuadrados en la planta baja, con ayuda de alguna columna de madera o piedra que contribuye a dar soporte a la estructura. Según ascendemos toma protagonismo el verdadero elemento dinamizador de las fachadas: la tramonera. Un intrincado conjunto de vigas hábilmente colocadas que sirven de liviana estructura rellenada de sillarejo, adobe o tapial, con la que configurar los paramentos que se hacen así sutiles, permitiendo la construcción de varias plantas superiores. La madera aparece así, y toma el protagonismo que le corresponde en la edificación, siendo éste fundamental, dado que sustenta toda la estructura. Las técnicas constructivas alcanzan una profunda especialización, sobre todo en torno a los carpinteros que construyen un complejo sistema de viguería donde la viga madre, las soleras, de imprenta, tramones y tornapuntas, asumen funciones muy definidas y determinantes para el sostenimiento del edificio.

Para completar la perspectiva exterior de la casa afirmaremos que suele alcanzar tres alturas, más bajocubierta, quedando siempre rematada al exterior por una solana cubierta donde podrán distraerse sus propietarios o poner a secar cebollas o maíces, siendo posible, a veces, descubrir un sencillo retrete que en su día vaciaba a una “cortina” próxima y ahora lo hace a una tubería de desagüe perfectamente distinguible.

La casa al interior

se ordena según la disposición de las distintas plantas. En la planta baja aparecen siempre dos puertas. Una estrecha que da acceso a la vivienda por medio de una empinada escalera por la que se accede al primer piso y otra, más ancha, que permite acceder a la cuadra. Este espacio, que prácticamente ocupa toda la planta, resulta multifuncional, reuniendo a los pocos animales domésticos y dejando un lugar reservado siempre a la bodega, que puede tomar preponderancia según la dedicación de sus propietarios, distinguiéndose, en esos casos, una ventana abierta en la puerta con barrotes para permitir su aireación en épocas de vendimia y fermentación. Un elemento original del conjunto es la “ventana de la hierba”, oquedad que, casi siempre desde la escalera, permite, a través de una trampilla, abastecer directamente los comederos del ganado, con paja y he no. Según la capacidad económica de sus moradores la casa puede presentar dos o tres plantas bajo la cubierta. Revisemos ahora el caso en el que existan tres pisos. El primero, al que se habrá accedido a través de la escalera se organiza como planta de alojamiento, con dos o tres habitaciones. Una, la más amplia, da a la calle, presentando una sala con balcón o ventana a la fachada y una o dos alcobas. Las otras habitaciones aportan más alcobas y sencillo amueblamiento, así como otro acceso al piso superior, a través de un nuevo tramo de escaleras. La segunda planta puede presentar otro aposento dedicado al descanso y siempre la estancia más importante de la casa, la cocina. Puede tomar posición delantera, trasera o lateral, dejando, en estos últimos casos, alguna otra sala hacia la calle, comunicada con ésta a través de la solana.

La cocina es la estancia más utilizada de toda la vivienda, a lo largo del día y de la sucesión de todos los días del año, la que mantiene siempre un fuego encendido en forma de hogar bajo, situado sobre una losa encima de un suelo muchas veces aterrado. Este hogar, separado de la pared por el “trashoguero”, suele flanquearse por dos escaños laterales. La particularidad de esta estancia reside en el hecho de que nunca existe chimenea, dejando que el humo escape hacia arriba libremente, hacia la planta superior, al “sobrao o doble”. Y lo hace a través de un gran agujero (casi la mitad del espacio total que ocupa la cocina), a través de una especie de entramado de tablas separadas que recibe la denominación de “sequero”. Así, el humo ascenderá debido a su natural temperatura y se distribuirá por el sobrado, permitiendo que esta última planta sirva de secadero habitual de chacinas y embutidos y de cualquier otro producto doméstico que precise tal tratamiento que favorezca su perdurabilidad.

El sobrado, al que se accede por el último tramo de escaleras, acumula, también, trastos viejos, herramientas y aperos no utilizados y en muchas ocasiones un horno. Esta dotación imprescindible en la economía familiar ocupa parte de la estancia y cuando, por su reducido tamaño, no es posible ubicarlo dentro, sobresale al exterior, distinguiéndose marcadamente desde la calle. El sobrado siempre muestra el hueco del sequero, protegido por una barandilla y la tablazón, destacando siempre el característico color negro profundo que le otorga el hollín que se dispersa por todo él. Nunca aparece la chimenea en el tejado superior, siendo sustituida, a veces, por un cántaro roto o una teja árabe removida.

Y éste es un somero resumen de una variadísima tipología de vivienda que se adapta a múltiples factores, especificaciones y capacidad económica de los constructores, pero eso lo dejamos para que el lector se anime a la aventura de disfrutar de la contemplación de una de las tipologías de casas más bellas y conocidas de toda España.

Tramoneras hacia el cielo

La casa de la Sierra de Francia

POR LUIS M. MATA
FOTOGRAFÍA: roberto garcÍA

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