El montaje está diseñado como una creación colectiva que reimagina la travesía del joven Jim Hawkins desde una perspectiva contemporánea, manteniendo el espíritu de la historia clásica. Más allá de la acción, la obra propone al público familiar (edad recomendada a partir de los 6-8 años) debates de calado moral. Se cuestiona qué es realmente un tesoro (lo material frente a lo inmaterial), cómo diferenciar el bien del mal en el camino hacia la madurez y si los malvados tienen derecho al perdón.