La obra de Sonia García se presenta con una gramática visual que trasciende la mera representación. En sus manos, la acuarela no se limita a ilustrar, se convierte en un ejercicio de traducción donde el verbo se disuelve en transparencias y matices dinámicos, revelando la esencia misma del relato (¿). A través de la narrativa del mundo animal, Sonia nos devuelve un espejo de nuestra propia condición humana. Cada trazo es un susurro que dota de una nueva dimensión a las criaturas que habitan los confines de la literatura universal. Al contemplarlas, recordamos que los instintos, los anhelos y los miedos de estos seres son, en última instancia, el reflejo más puro del claroscuro de nuestra propia esencia. (¿) Sonia García nos invita a reconocer que, en la inmensidad de los libros, los animales son los guardianes silenciosos de nuestras verdades más profundas.