En un quiebro imposible del tiempo, después de 500 años, Francisco de Vitoria cree haber concluido por fin su gran tratado jurídico y moral para la conquista de América: De lndis. Convencido de haber puesto orden al mundo, decide hacer lo que cualquier ciudadano responsable haría: ir al Registro de la Propiedad a inscribirlo para uso y disfrute de toda la humanidad. Pero algo no encaja en sus planes. Entre ventanillas, formularios y sellos oficiales, el fraile descubre que la burocracia de hoy guarda grandes parecidos con los trámites de la inspección y el reconocimiento de nuevos territorios. Mientras intenta demostrar que su obra defiende la dignidad de los pueblos por encima de todo, un par de funcionarias, desencantadas y atrapadas en un procedimiento eterno, lo empujan a enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿puede la justicia nacer del mismo papel que certifica la propiedad? Dicho de otro modo, ¿hasta qué punto puede tramitarse, justificarse y legalizarse una conquista?