Personajes del siglo XVI como un fraile dominico, que representa a la Escuela de Salamanca, los pobres Lázaro de Tormes y Juan de Peñaranda, junto a una joven estudiante de la Universidad de Salamanca disfrazada de varón, se encuentran con dos personajes del siglo XXI, una periodista con todo su joyero puesto y un estudiante tunante. Entre ellos surgen diálogos, pícaros y no tan pícaros, junto a algún enfrentamiento que otro llegando finalmente a la conclusión de que hay que celebrar lo mucho que el mundo actual le debe a la Escuela de Salamanca.