Fondo de Expósitos

Los orígenes de esta documentación se remontan al siglo XVII. Según el archivo de la Universidad de Salamanca (Usal), fue en 1587 cuando una Provisión Real pidió crear una cofradía con 30.000 maravedíes anuales para salvaguardar a estas niñas y niños en la denominada Casa de Expósitos de Salamanca.

Se trataba de menores, generalmente bebés que acababan de nacer, y que las familias dejaban en manos de la institución benéfica al serles imposible su cuidado o para evitar el rechazo social.

La misión de la institución era garantizarles cuidados y, en el menor tiempo posible, buscarles un ama de cría (una mujer encargada de su crianza y lactancia, generalmente en hogares de escasísimos recursos).

En 1707, con la institución bajo responsabilidad exclusiva del Cabildo, se introdujo un torno accesible desde la calle, iniciativa que salvó muchas vidas y que puso en marcha uno de los comisarios de la institución, el canónigo Manuel Sirguero y Miranda. Esto permitió que las criaturas no pasaran la noche a la intemperie, cuando los abandonos tenían lugar al anochecer, con las puertas de la casa cuna cerradas.

Todas las ciudades y pueblos del arzobispado recibían a las criaturas abandonadas en zonas rurales, a las que se trasladaba a la capital. En 1796, las autoridades eclesiásticas habilitan en numerosos pueblos una casa-cuna con una distancia máxima de 65 a 80 kilómetros de la casa general de la diócesis. Para más información pulse aquí.


Ley de Beneficencia de 1849

Con la Ley de Beneficencia de 1849, una norma estatal clave para organizar la asistencia social del siglo XIX en España, la Diputación de Salamanca asume las competencias de asistencia social del servicio, tal y como dictaminó la reina Isabel II. En concreto, determinó que serían establecimientos provinciales “las casas de maternidad y de expósitos”.

Durante el último cuarto del siglo XIX, la pobreza asoló Salamanca. La industria textil lanera de Béjar y, en especial, la agricultura y la ganadería de la provincia entraron en crisis.

La mendicidad comenzó a hacerse crónica, así como la miseria y la precariedad, tanto de la población asalariada como de quienes poseían pequeños negocios. Por eso el apoyo de la Diputación fue tan necesario: la también llamada ‘casa cuna’ ayudó a salvar vidas.


¿Qué contiene este fondo?

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Los orígenes de esta documentación se remontan al siglo XVII. En una Providencia Real de 1586 se pide a la Universidad de Salamanca fundar una cofradía para socorrer a bebés abandonados, y que denominarían Nuestra Señora de la Misericordia.

Tuvieron que pasar 180 años para que los derechos las víctimas del abandono se tuvieran en consideración. En 1794, Carlos IV dispuso varias medidas para mejorar sus condiciones de vida, desde su ingreso hasta su salida de la institución, ya fuera por adopción o por su incorporación al mercado laboral, ya que la casa se comprometía facilitarles una salida profesional.

La documentación de este fondo es el fiel reflejo de las funciones y actividades de la institución. Es de carácter provincial y preserva documentos que datan de 1619 a 1986, así como documentación de otras instituciones ya desaparecidas de la que se hizo cargo la Diputación en el siglo XIX.

Los libros de asientos, las cédulas, los decretos para el Gobierno de la Hospitalidad, la documentación de la Mayodormía o las cuentas generales son algunos de los materiales que conserva el fondo.

Además, guarda testimonios sobre las razones de muchos abandonos, que en numerosas ocasiones se depositaban por escrito en las mismas cunas, a menudo junto a modestos objetos personales, igualmente conservados.


Vidas expuestas

La exposición ‘Vidas Expuestas’, producida por el Archivo, saca a la luz los rastros humanos ocultos en documentos y efectos personales de quienes no tuvieron voz. Es una muestra itinerante que los ayuntamientos pueden solicitar para exhibir en sus municipios, previa solicitud a través de este enlace.